Poema para un Otoño Cercano

wpid-20150723_222600-01-01.jpegHundí mis rodillas en el suelo lleno de barro
Arrojé mi corazón entre los abedules
Arrojé mis apetitos
mis ansias
mis anhelos.

Y después arrojé tu nombre.

Mi lengua
hizo
el resto.

Y no había excusas
para la alegría y el alboroto de tu voz en el gemido
cuando, casi exhausta, decías el mío.

G.F.Molinero

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