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Mark Strand

Y he aquí que mueres, Mark,
y lo llenas todo con tu ausencia
Justo cuando las hojas muertas
adoptan las formas de criaturas imposibles en los suelos
y los mirlos cantan a la oscuridad de tu nueva noche

Hoy Nueva York duerme profunda y silenciosa

strand-alexsedanoY saben las calles
Saben las ventanas
Saben los coches aparcados
Saben los árboles
Saben las parejas que pasean,
las moscas, los camellos
Saben los libros, viejos,
cansados
Y saben los poetas, Mark,
saben los poetas

Sentados en los bancos de los parques
Muertos en las cunetas, bajo los olivos
Enredados en camas ajenas
Abriendo a los campos grandes espacios
Viajando en metro, en furgonetas

Oh Mark…
ahora tú tampoco estás
como tu padre  lo estuvo antes para ti
y ahí yaces,
tendido en la caja que tu mismo creaste 

salpicada por la lluvia
mientras los dolientes agitan sus cabezas 

y este humilde poeta
se inclina ante ti
y te saluda
y te bendice
y se despide lentamente de ti

Se despide muy  lentamente de ti

G.F.Molinero



La Pareja. The Couple

La escena es una estación del centro de la ciudad.
Son las 3 de la madrugada.
Jane está sola en el andén,
tarareando un réquiem.

Se apoya en los azulejos.
Rebusca algo en su bolso,
algo para aliviar el dolor de cabeza
que cada vez va a peor.

Ella fue a una fiesta aburrida,
y se largó sin su cita,
ahora está sola en la plataforma,
y el tren se retrasa.

La estación de metro está vacía,
sórdida, siniestra, gris.
Entra un hombre bien vestido,
dirigiéndose lentamente hacia Jane.

El hombre se coloca junto a ella:
“Perdone, mi nombre es John,
espero no haberla molestado.
Si es así, me iré ”

“Tuve un sueño anoche
en el que iba a conocer a alguien nuevo.
Después de veinticuatro horas de espera,
me alegro de que ese nuevo se haya convertido en usted.”

Oh, ¿dónde están los vientos de la mañana?
Oh, ¿dónde está el amor a primera vista?
Un hombre sale de la nada.
Tal vez él sea el hombre correcto.

¿Cómo una puede encontrar la respuesta,
si se ha esperado tanto tiempo?
Un hombre sale de la nada,
probablemente él, sea el hombre equivocado.

Jane se imagina el futuro,
y casi pierde el corazón.
Se ve como Europa
y a John lo ve como Napoleón.

Caminan hacia el final del andén.
Tropiezan y caen a las vías.
Se ponen de pie entre envolturas
y cajetillas de tabaco vacías.

El viento sopla a través del túnel.
Escuchan el sonido.
La forma en que gruñe,
les mantiene hechizados el silbido.

Jane mira fijamente en la oscuridad:
“Es una maravilla, el sexo puede ser bueno
cuando la mayoría de las veces se reduce a
si uno debería o no debería”.

John mira su reloj:
“No podría estar más de acuerdo contigo,
y a menudo uno se hace  la pregunta:
-¿para qué planteárselo? ”

Se arrodillan uno junto al otro
como se estuvieran en trance,
entonces Jane se sube la falda
y John se desabrocha se baja el pantalón

Todo el mundo sabe lo que pasa,
o lo que dos personas hacen
cuando uno está en la parte superior de la otra
haciendo lo que hay que hacer.

El viento sopla a través del túnel
tratando de encontrar el cielo.
Jane respira cada vez más fuerte
y John comienza a suspirar:

“Soy un profesor de Princeton
Dios sabe qué me ha conducido a ésto.
Tengo esposa y una familia;
he conocido la bendición del matrimonio.

Pero las cosas se estaban volviendo monótonas
y sentía que estaba siendo falso.
Todas las noches en nuestra habitación
deseaba estar en cualquier otra parte”

¿Qué tiempo hace fuera?
¿Qué tiempo hace dentro
que les conduce al exceso
y a caer en los brazos del pecado?

Son los hijos de Eros.
Se mueven, pero no demasiado rápido.
Quieren extender su placer,
quieren que el momento dure eternamente

Qué mal que no puedan escucharnos.
Qué mal que no podamos aconsejarles.
El destino que les ha unido
tiene aún otra sorpresa.

Justo cuando llegan
a la más alta cumbre de su empresa,
un tren local vacío
los separa para siempre.

Un tren local vacío
grita a través del aire sucio
una pareja muere en el metro;
Parejas mueren en todas partes

Mark Strand

The scene is a midtown station.
The time is 3 a.m.
Jane is alone on the platform,
Humming a requiem.
She leans against the tiles.
She rummages in her purse
For something to ease a headache
That just keeps getting worse.
She went to a boring party,
And left without her date,
Now she’s alone on the platform,
And the train is running late.
The subway station is empty,
Seedy, sinister, gray.
Enter a well-dressed man
Slowly heading Jane’s way.
The man comes up beside her:
“Excuse me, my name is John,
I hope I haven’t disturbed you.
If I have, I’ll be gone.
“I had a dream last night
That I would meet somebody new.
After twenty-four hours of waiting,
I’m glad she turned out to be you.”
Oh where are the winds of morning?
Oh where is love at first sight?
A man comes out of nowhere.
Maybe he’s Mr. Right.
How does one find the answer,
If one has waited so long?
A man comes out of nowhere,
He’s probably Mr. Wrong.
Jane imagines the future,
And almost loses heart.
She sees herself as Europe
And John as Bonaparte.
They walk to the end of the platform.
They stumble down to the tracks.
They stand among the wrappers
And empty cigarette packs.
The wind blows through the tunnel.
They listen to the sound.
The way it growls and whistles
Holds them both spellbound.
Jane stares into the dark:
“It’s a wonder sex can be good
When most of the time it comes down to
Whether one shouldn’t or should.”
John looks down at his watch:
“I couldn’t agree with you more,
And often it raises the question —
‘What are you saying it for?’”
They kneel beside each other
As if they were in a trance,
Then Jane lifts up her dress
And John pulls down his pants.
Everyone knows what happens,
Or what two people do
When one is on top of the other
Making a great to-do.
The wind blows through the tunnel
Trying to find the sky.
Jane is breathing her hardest,
And John begins to sigh:
“I’m a Princeton professor
God knows what drove me to this.
I have a wife and family;
I’ve known marital bliss.
“But things were turning humdrum,
And I felt I was being false.
Every night in our bedroom
I wished I were someplace else.”
What is the weather outside?
What is the weather within
That drives these two to excess
And into the arms of sin?
They are the children of Eros.
They move, but not too fast.
They want to extend their pleasure,
They want the moment to last.
Too bad they cannot hear us.
too bad we can’t advise.
Fate that brought them together
Has yet another surprise.
Just as they reach the utmost
Peak of their endeavor,
An empty downtown local
Separates them forever.
An empty downtown local
Screams through the grimy air
A couple dies in the subway;
Couples die everywhere.

Answers

Why did you travel?
Because the house was cold.
Why did you travel?
Because it is what I have always done between sunset and sunrise.
What did you wear?
I wore a blue suit, a white shirt, yellow tie, and yellow socks.
What did you wear?
I wore nothing. A scarf of pain kept me warm.
Who did you sleep with?
I slept with a different woman each night.
Who did you sleep with?
I slept alone. I have always slept alone.
Why did you lie to me?
I always thought I told the truth.
Why did you lie to me?
Because the truth lies like nothing else and I love the truth.
Why are you going?
Because nothing means much to me anymore.
Why are you going?
I don’t know. I have never known.
How long shall I wait for you?
Do not wait for me. I am tired and I want to lie down.
Are you tired and do you want to lie down?
Yes, I am tired and I want to lie down.

Mark Strand


“The Poem of the Spanish Poet”

EL POEMA DEL POETA ESPAÑOL

En un cuarto de hotel en algún lugar de Iowa, un poeta americano, cansado de sus poemas, cansado de ser unpoeta americano se recuesta en su silla e imagina que es un poeta español, un viejo poeta español cercano al final de su vida, que camina hasta el Guadalquivir y observa los barcos, grises y espectrales en el crepúsculo, deslizándose río abajo. Las pequeñas olas, al acercarse a la orilla cubierta de hierba donde está sentado, susurran algo que no alcanza a oír del todo mientras se encrespan y caen. ¿Y qué hace el poeta español? Mete la mano en el bolsillo, saca un cuaderno y escribe:

Negra mosca, negra mosca

Por qué has venido

es por mi camisa

Mi nueva camisa blanca

Con botones de hueso

Es por mi traje

Mi traje azul oscuro

Es porque

Yazco aquí solo

Bajo un sauce

Frío como la piedra

Negra mosca, negra mosca

Qué buena eres

Viniendo a mí ahora

Qué buena eres

Visitándome aquí

Negra mosca, negra mosca

Para despedirte de mí

 


Mystery and Solitude in Topeka. Mark Strand

Afternoon darkens into evening. A man falls deeper and deeper into the slow spiral of sleep, into the drift of it, the length of it, through what feels like mist, and comes at last to an open door through which he passes without knowing why, then again without knowing why goes to a room where he sits and waits while the room seems to close around him and the dark is darker than any he has known, and he feels something forming within him without being sure what it is, its hold on him growing, as if a story were about to unfold, in which two characters, Pleasure and Pain, commit the same crime, the one that is his, that he will confess to again and again, until it means nothing.

 

La tarde se oscurece al anochecer. Un hombre cae más y más profundamente en la espiral lenta del sueño, en su deriva , en su longitud , hasta que se siente como la niebla, y llega por fin a una puerta abierta a través del cual pasa sin saber por qué, de nuevo sin saber por qué va a una habitación donde él se sienta y espera, mientras que el cuarto parece cerrarse a su alrededor y la oscuridades más oscura que cualquier otra que haya conocido, y siente algodentro de él formándose sin estar seguro de lo que es, su influencia en él crece, como si una historia estuviera a punto de revelarse, en el que dos personajes, Placer y Dolor, cometen el mismo crimen, el que es suyo, el que va a confesar una y otra vez, hasta que no significa nada.


La historia de nuestras vidas. Mark Strand

I

Leemos la historia de nuestras vidas
que tienen lugar en un cuarto.
El cuarto mira hacia una calle.
No hay nadie allí,
ningún sonido de nada.
Los árboles están cargados de hojas,
los coches aparcados no se mueven nunca.
Seguimos volteando páginas,
esperando por algo,
algo como misericordia o cambio,
una línea negra que nos uniera
o nos mantuviera separados.
Tal como es, podría parecer
que el libro de nuestras vidas estuviera vacío.
Los muebles en el cuarto nunca cambian de sitio,
Y las alfombras se vuelven mas oscuras cada vez
que nuestras sombras pasan sobre ellas.
Es casi como si el cuarto fuera el mundo,
nos sentamos uno al lado de otro en el sofá,
leyendo acerca del sofá.
Decimos que es ideal.
Es ideal.

II

Leemos la historia de nuestras vidas
como si estuviéramos en ella,
como si la hubiéramos escrito.
Esto surge una y otra vez.
En uno de los capítulos
me recuesto y dejo el libro a un lado
porque el libro dice
que eso es lo que estoy haciendo.
Me recuesto y empiezo a escribir a cerca del libro.
Escribo que desearía ir mas allá del libro,
mas allá de mi vida en de otra vida.
Dejo la pluma.
El libro dice: ” Dejó la pluma
y se volvió a mirarla leer
la parte en que ella se enamora”.
El libro es mas preciso de lo que podemos imaginar.
Me recuesto y te miro leer
acerca del hombre que cruza la calle.
Construyeron una casa allí,
y un día un hombre salió de ella.
Tú te enamoraste de él
porque sabías que él nunca iría a visitarte,
nunca sabría que estarías esperando.
Noche tras noche dirías
que él era como yo.
Me recuesto y te miro envejecer sin mi.
La luz del sol cae sobre tu cabello plateado.
Las alfombras, los muebles,
parecen casi imaginarios ahora.
“ Ella volvió a leer.
Parecía considerar que su ausencia
no tuviera especial importancia,
como si alguien en un día perfecto considerara
que el clima es un fracaso
porque no hizo cambiar su parecer”.
Entrecierras los ojos.
Tienes el impulso de cerrar el libro
que describe mi resistencia:
cómo cuando me recuesto yo imagino
mi vida sin ti, imagino irme
hacia otra vida, otro libro.
Él describe tu dependencia en el deseo,
como las revelaciones momentáneas
de propósitos que te hacen tener miedo.
El libro describe mucho mas de lo que debiera.
Quiere dividirnos.
III

Esta mañana desperté y creí
que no había nada mas en nuestras vidas,
que la historia de nuestras vidas.
Cuando no estuviste de acuerdo, te señalé
el lugar en el libro en el que no estabas de acuerdo.
Te volviste a dormir y yo empecé a leer
esos misteriosos fragmentos que tú solías adivinar
mientras estaban siendo escritos
y dejaban de tener interés después de que formaran
parte de la historia.
En uno de ellos, fríos trajes de luz de luna
Están colgados sobre las sillas en un cuarto de un hombre.
El sueña con una mujer que ha perdido sus vestidos,
que se sienta en el jardín y espera.
Ella cree que amar es un sacrificio.
El fragmento describe su muerte
y ella nunca es nombrada,
lo cual es una de las cosas
sobre ella que no podrías soportar.
Un poco más tarde aprendemos
que el hombre soñador vive
en la casa nueva al otro lado de la calle.
Esta mañana, después de que te volvieras a dormir,
empecé a voltear páginas al comienzo del libro:
era como soñar con la niñez,
tanto parecía desvanecerse,
tanto parecía volver a la vida de nuevo.
No sabía que hacer.
El libro decía: “ En esos momentos era su libro.
Una corona fría descansaba incómodamente en su cabeza.
El era el fugaz gobernante de la discordia interior y exterior,
ansioso en su propio reino.”

IV

Antes de que despertaras
leía otro fragmento que describía tu ausencia
y decía como dormías para invertir
el proceso de tu vida.
Fui alcanzado por mi propia soledad, tal como leía,
sabiendo que lo que sentía es a menudo la cruda
y desventurada forma de una historia
que quizá nunca debía ser narrada.
Leía y me movía el deseo de ofrecerme a mi mismo
a la casa de tu sueño.
“ El quería verla desnuda y vulnerable,
verla en la basura, el las descartadas
tramas de sueños viejos, en los disfraces y máscaras
de estados inasequibles.
Era como si sintiese atraído
irresistiblemente hacia el fracaso”.
Era difícil seguir leyendo.
Estaba cansado y quería dejarlo.
El libro parecía darse cuenta de ello.
Sugirió cambiar de tema.
Esperé a que despertaras sin saber
cuanto tiempo esperé,
y parecía como si ya no estuviese leyendo.
Oí pasar el viento
como una corriente de suspiros
y oí el escalofrío de las hojas
en los árboles mas allá de la ventana.
Estaría en el libro.
Todo estaría allí.
Miré tu rostro
y leí los ojos, la nariz, la boca…

V

Si sólo hubiera un momento perfecto en el libro;
si sólo pudiéramos vivir en ese momento,
podríamos empezar el libro de nuevo
como si no lo hubiésemos escrito,
como si no estuviésemos en él.
Pero las aproximaciones oscuras
a cualquier página son muy numerosas
y los escapes son muy estrechos.
Leemos todo el día.
Cada página que volteamos es como una vela
moviéndose a través de la mente.
Cada instante es como una causa perdida.
Si sólo pudiéramos dejar de leer.
“ El nunca quería leer otro libro
y ella continuaba mirando hacia la calle.
Los coches todavía estaban allí,
la densa sombra de los árboles los cubría.
Las sombras se dibujaban en la nueva casa.
Quizá el hombre que vivía allí,
el hombre a quien ella quería, estaba leyendo
la historia de otra vida.
Ella imaginaba una sala húmeda,
una chimenea fría, un hombre sentado
escribiendo una carta a una mujer
que ha sacrificado su vida por amor.”
Si hubiera un momento perfecto en el libro,
sería el último.
El libro nunca discute las causas del amor.
Proclama que la confusión es un bien necesario.
Nunca explica. Sólo revela.

VI

El día continúa.
Estudiamos lo que recordamos.
Miramos dentro del espejo al otro lado del cuarto.
No soportamos estar solos.
El libro continúa.
“ Se quedaron en silencio y no sabían como empezar
el diálogo que era necesario.
Eran las palabras las que creaban división en primer lugar,
las que creaban soledad.
Esperaron.
Volteaban las páginas, esperando
Que algo pudiera pasar.
Podrían reparar sus vidas en secreto:
cada fracaso es perdonado porque no podría ser probado,
cada dolor recompensado porque era irreal.
No hicieron nada.”

VII

El libro no sobrevivirá.
Somos la prueba viviente de ello.
Está oscuro afuera, en el cuarto hay más oscuridad.
Te oigo respirar.
Me preguntas si estoy cansado,
si quiero seguir leyendo.
Sí, estoy cansado.
Sí, quiero seguir leyendo.
Digo que sí a todo.
Tú no puedes oírme.
“ Se sientan uno al lado de otro en el sofá.
Eran las copias, los cansados fantasmas
de lo que habían sido antes.
Las actitudes que tomaron fueron agotadoras.
Miraban fijamente el libro
y se horrorizaban de su inocencia,
de su desgana a renunciar.
Se sentaron uno al lado de otro en el sofá.
Estaban decididos a aceptar la verdad.
Fuese la que fuese, ellos la aceptarían.
El libro tenía que escribirse
y tendría que ser leído.
Ellos son el libro y no son
nada más.”

 From The  Story of our lives. Mark Strand. 1973


The story of our lives La historia de nuestras vidas

1
We are reading the story of our lives
which takes place in a room.
The room looks out on a street.
There is no one there,
no sound of anything.
The tress are heavy with leaves,
the parked cars never move.
We keep turning the pages, hoping for something,
something like mercy or change,
a black line that would bind us
or keep us apart.
The way it is, it would seem
the book of our lives is empty.
The furniture in the room is never shifted,
and the rugs become darker each time
our shadows pass over them.
It is almost as if the room were the world.
We sit beside each other on the couch,
reading about the couch.
We say it is ideal.
It is ideal.2
We are reading the story of our lives,
as though we were in it,
as though we had written it.
This comes up again and again.
In one of the chapters
I lean back and push the book aside
because the book says
it is what I am doing.
I lean back and begin to write about the book.
I write that I wish to move beyond the book.
Beyond my life into another life.
I put the pen down.
The book says: “He put the pen down
and turned and watched her reading
the part about herself falling in love.”
The book is more accurate than we can imagine.
I lean back and watch you read
about the man across the street.
They built a house there,
and one day a man walked out of it.
You fell in love with him
because you knew that he would never visit you,
would never know you were waiting.
Night after night you would say
that he was like me.
I lean back and watch you grow older without me.
Sunlight falls on your silver hair.
The rugs, the furniture,
seem almost imaginary now.
“She continued to read.
She seemed to consider his absence
of no special importance,
as someone on a perfect day will consider
the weather a failure
because it did not change his mind.”
You narrow your eyes.
You have the impulse to close the book
which describes my resistance:
how when I lean back I imagine
my life without you, imagine moving
into another life, another book.
It describes your dependence on desire,
how the momentary disclosures
of purpose make you afraid.
The book describes much more than it should.
It wants to divide us.

3
This morning I woke and believed
there was no more to to our lives
than the story of our lives.
When you disagreed, I pointed
to the place in the book where you disagreed.
You fell back to sleep and I began to read
those mysterious parts you used to guess at
while they were being written
and lose interest in after they became
part of the story.
In one of them cold dresses of moonlight
are draped over the chairs in a man’s room.
He dreams of a woman whose dresses are lost,
who sits in a garden and waits.
She believes that love is a sacrifice.
The part describes her death
and she is never named,
which is one of the things
you could not stand about her.
A little later we learn
that the dreaming man lives
in the new house across the street.
This morning after you fell back to sleep
I began to turn the pages early in the book:
it was like dreaming of childhood,
so much seemed to vanish,
so much seemed to come to life again.
I did not know what to do.
The book said: “In those moments it was his book.
A bleak crown rested uneasily on his head.
He was the brief ruler of inner and outer discord,
anxious in his own kingdom.”

4
Before you woke
I read another part that described your absence
and told how you sleep to reverse
the progress of your life.
I was touched by my own loneliness as I read,
knowing that what I feel is often the crude
and unsuccessful form of a story
that may never be told.
“He wanted to see her naked and vulnerable,
to see her in the refuse, the discarded
plots of old dreams, the costumes and masks
of unattainable states.
It was as if he were drawn
irresistably to failure.”
It was hard to keep reading.
I was tired and wanted to give up.
The book seemed aware of this.
It hinted at changing the subject.
I waited for you to wake not knowing
how long I waited,
and it seemed that I was no longer reading.
I heard the wind passing
like a stream of sighs
and I heard the shiver of leaves
in the trees outside the window.
It would be in the book.
Everything would be there.
I looked at your face
and I read the eyes, the nose, the mouth . . .

5
If only there were a perfect moment in the book;
if only we could live in that moment,
we could being the book again
as if we had not written it,
as if we were not in it.
But the dark approaches
to any page are too numerous
and the escapes are too narrow.
We read through the day.
Each page turning is like a candle
moving through the mind.
Each moment is like a hopeless cause.
If only we could stop reading.
“He never wanted to read another book
and she kept staring into the street.
The cars were still there,
the deep shade of trees covered them.
The shades were drawn in the new house.
Maybe the man who lived there,
the man she loved, was reading
the story of another life.
She imagine a bare parlor,
a cold fireplace, a man sitting
writing a letter to a woman
who has sacrificed her life for love.”
If there were a perfect moment in the book,
it would be the last.
The book never discusses the causes of love.
It claims confusion is a necessary good.
It never explains. It only reveals.

6
The day goes on.
We study what we remember.
We look into the mirror across the room.
We cannot bear to be alone.
The book goes on.
“They became silent and did not know how to begin
the dialogue which was necessary.
It was words that created divisions in the first place,
that created loneliness.
They waited
they would turn the pages, hoping
something would happen.
They would patch up their lives in secret:
each defeat forgiven because it could not be tested,
each pain rewarded because it was unreal.
They did nothing.”

7
The book will not survive.
We are the living proof of that.
It is dark outside, in the room it is darker.
I hear your breathing.
You are asking me if I am tired,
if I want to keep reading.
Yes, I am tired.
Yes, I want to keep reading.
I say yes to everything.
You cannot hear me.
“They sat beside each other on the couch.
They were the copies, the tired phantoms
of something they had been before.
The attitudes they took were jaded.
They stared into the book
and were horrified by their innocence,
their reluctance to give up.
They sat beside each other on the couch.
They were determined to accept the truth.
Whatever it was they would accept it.
The book would have to be written
and would have to be read.
They are the book and they are
nothing else.

Mark Strand